jueves, octubre 09, 2014

Unica Zürn se entretiene con muñecas y trapos (Luis Miguel Rabanal)





¡Es paralítico! ¡Qué suerte!
U.Z.

Las poetas fingen ser execrables
cuando sangra la noche, se secan los muslos
con toallas prácticamente mojadas
y hacen el amor canciones de Dylan o cuerpos
enfrascados en escoria y escrúpulos.

Las poetas se encaraman a armarios solemnes
esos días de grima o se asoman al balcón
como niñas absurdas y cierran sus ojos
desde otros ojos cansinos sin apenas saborear
alegres la sidra del tiempo.
Las poetas han dejado para mañana sus cabases
pintados y los chalecos de punto.

Las poetas gritan de goce al sonar la hora
igual que gritan los chicos de clase de griego.

Las poetas se ofuscan en bazares umbríos
donde cambian diarios por brotes de soja
interminable, llevan en sus bolsos el azúcar
diverso de los desencuentros y sacan conclusiones
de la vida como si la vida ya no estuviese.

Las poetas se suicidan de pie como heroínas
de musgo.


(de Tres inhalaciones, Amargord Ediciones, 2014)

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martes, septiembre 02, 2014

Un poema de Miguel Rojo

Las travesuras de cuando niños
los amigos dejados
los polvos esparcidos en voz alta
tal que caliente aire desértico.
Las juergas
las risas y las faldas levantadas
las maldades
y las heridas que sin querer
-o queriéndolo- fuimos dejando
como ampollas
en los tiernos corazones de los que nos amaron
pasan factura ahora:
la avariciosa justicia divina
quiere en esta vida cobrárnoslo por si acaso
no hay otra donde pedírnoslo.


(El poema pertenece al libro "Bilbao, estación terminal", y está originariamente escrito en asturiano; la traducción que aquí aparece es la realizada por José Luis Piquero para su antología "Territorios").

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lunes, julio 28, 2014

Siempre llega (Marta Sanz)

Siempre llega
un segundo en la vida
en que uno deja
de sentirse invulnerable.

Se tuercen
las rayas de la mano.

La memoria,
los aires felices,
los gestos de ternura,
la sal y la playa,
no representan ya
ningún consuelo.

No son de carne.


(de Vintage, Bartleby Editores, 2013)

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miércoles, julio 23, 2014

DavidLeo García habla de "Herido mármol"


Pese al huracán que atraviesa el panorama editorial español, que ha producido una debacle incluso en los sellos más sólidos, están encontrando su sitio numerosos nombres pequeños (que, si bien no gozan de muchos recursos económicos, derrochan entusiasmo por el trabajo bien hecho). Es el caso de Suburbia Ediciones, editorial gijonesa adicta al riesgo y especialista en títulos en asturiano. Y también en óperas primas, como es el caso de “Herido mármol”, de Ernesto Frattarola; un poeta que, si bien permanecía inédito hasta el momento, acarreaba ya décadas de escritura y lectura a sus espaldas. Y se nota, porque pocos primeros libros gozarán como éste de una amplitud de miras tal que alcance a reunir lo celestial y lo mundano, la desesperación y la indolencia, la plenitud de ser con la zozobra de saber que todo termina. Y, sobre todo, la profundidad y la superficie. De hecho, dice ser un poemario sobre la piel, y ya dijo Paul Valéry que “no hay nada más profundo que la piel”. Frattarola apunta en la misma dirección: “Mi madre jura que nací desnudo”. Así que ya saben: en la librería Muga, y acompañado por Ana Gorría (otra poeta todoterreno, sin ampulosidades ni disfraces retóricos), podrán darse la oportunidad de conocer a nada menos que todo un hombre.


(Reseña publicada en Le Cool Madrid para informar de la publicación de "Herido mármol" en Madrid, el 24 de julio de 2014. Aquí, el enlace: http://madrid.lecool.com/event/herido-marmol/).

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sábado, julio 19, 2014

Me acuerdo de un roquedal (Jesús Aguado)

Pregúntale a la roca qué es la roca.
Su quietud te responde, su silencio,
su grávido sentirse parte entera
del mundo o gravedad que la sostiene.

La roca te responde y al hacerlo
te borra de ti mismo y te hace roca.

Pregúntale quién eres a la roca.

Lo sabe más que tú, lo sabe antes que tú:
lo sabe desde el Centro de la Tierra.

Escúchala en silencio, sin moverte.

Hasta sentirte tú la parte entera
del centro o gravedad que te sostiene.

Pregunta al roquedal cuál es tu sitio,
tu lugar para siempre y desde siempre.

Lo sabe sin saberlo, eso lo sabes
sin saberlo también, doble ignorancia
que el roquedal acepta como prueba
de que tienes un sitio entre sus rocas.

Y si tienes un sitio entre las rocas,
si te acogen las rocas como roca,
merece esa quietud y ese silencio
y no preguntes más y sé feliz.


(inédito, aparece en el nº 365 de la revista Quimera, abril-2014)

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sábado, junio 07, 2014

Sed (Efi Cubero)

En cualquier devenir inesperado
una inquietud no basta para otorgarle
un nombre al desarraigo.
Las horas cuentan más que muchos días
cuando tu interior siente
que está justo en el sitio que anhelaba.
A veces una ruta alternativa
nos desvía del trayecto,
y ese elemento aislado,
puede alzarse en el centro de la trama
y convertirlo en todo.
Sé que busco un sentido entre las pautas,
y que huyo entre las grietas,
que me desdoblo en múltiples verdades
y que siento un temor sin artificios
antiguo como el mundo y la memoria.
Que me pierdo en atajos,
en tantas direcciones asistidas
que a nada me conducen,
tras esta antigua sed nuca saciada,
de palabras con alma, que no llenan el vaso
de ese dolor de luz que las contiene.


(de Condición del extraño, Isla de Siltolá, 2013)

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lunes, mayo 05, 2014

Los días de la piel (Álex Chico, hablando de "Herido mármol")

Dejé escrito en alguna ocasión algo que puede resultar una obviedad: un libro comienza desde su título, pero el tono que adopta lo descubrimos en sus citas iniciales. La de Herido mármol, de Ernesto Frattarola, contiene sólo una, de Ángel González: “esto que veis aquí,/ tan sólo esto:/ un escombro tenaz”. He dicho el tono y debería decir también la actitud, la forma de proceder del sujeto poético que nos encontraremos en el libro. Es decir: un hombre desnudo, desprovisto, quizás insuficiente, y sin embargo un ser que resiste. Cautivo, pero no del todo desarmado. Un escombro, en suma, tenaz.
Si hacemos caso a la nota final del libro, Herido mármol es, según su autor, un poemario sobre la piel. Desde el punto de vista del lector, tal vez sea una definición acertada. Lo comprobamos, sobre todo, en los títulos que elige para dar inicio a sus poemas. El que abre el libro, por ejemplo, titulado Corteza, al que le seguirán otros no menos significativos, como SudorCostraHiedra o Escamas. Todo un campo semántico o simbólico ligado a la piel, a su tacto, y una aproximación a ese territorio que nos recubre y nos sirve como soporte de la huella y del tiempo. El reflejo exterior de un estado íntimo o, en fin, la constatación de una existencia, con sus marcas y sus señales. Como nos explica Dylan Thomas, toda idea se puede imaginar y traducir en términos corporales, explicar a través de la carne, la piel, los tendones, las venas, las glándulas, los órganos, las células y los sentidos. Ahí se sitúa también esta poesía al traer de vuelta aquello que nos roza y, sin darnos cuenta apenas, permanece ya en nosotros. Una cartografía física de nuestro paso por el mundo.
Herido mármol es, por eso, una inspección de ciertos vestigios vitales que se nos han adherido con fuerza. Aunque hayan sucedido en una mínima fracción temporal: “no entendemos/ que un minuto es demasiado tiempo”, Hierro; o pasen inadvertidos: “te llevas el polvo de la casa”, Clavos. Nuestra actitud, parece decirnos, se despliega en pequeñas acciones. Es ahí donde uno pone en juego toda su vida. Sucedemos en esos pequeños intervalos que nos llevan, en ocasiones, a tener “miedo de cruzar la calle”, como nos explica en su poema Siniestro. Hay casualidades, dijo alguien, con las que te mueres de risa y hay casualidades con las que simplemente te mueres.
Repasar una vida y analizar introspectivamente lo que somos es, qué duda cabe, una tarea ardua. Quizás una de las tareas más dolorosas y confusas que existan. De ahí que, a menudo, surjan contradicciones. La paradoja en Herido mármol es un recurso frecuente, diría esencial. Citaré algunas:
Suburbia Ediciones
“No eres humilde cuando te humillas” Hágase
“Nadie puede hacerte daño./ Te protegen las cadenas”Porcelana
“El que obedece nunca se equivoca,/ nunca acierta”Clavos
“sólo quien vuela se arrastra” Penitencia
“Ya no las temo./ Pero tengo miedo” Eva, II
“Necesitas morir para estar vivo” Abril.
Esta confusión lejos de limitar la mirada, la amplía, la multiplica. Al fin y al cabo laliteratura no está para dar respuestas, sino para generar preguntas.
El sujeto poético de Herido mármol es, como dijimos, un ser extraviado, descompuesto, fracturado, huido. Un futuro “túnel de gusanos”, por emplear una imagen del libro. Un ser débil, cuyas pupilas sólo “atraen espejos rotos” (Porcelana), que es “moneda de cambio” en un “mercado triste” y que sufre diversas trasformaciones. Un ser que arrastra su culpa y se dirige al mundo con un tono cercano a la oración, a la letanía. Que busca en el lenguaje una posible vía de salvación. Un ser, en realidad, que representa o simboliza, más que actúa, porqueFrattarola se detiene en el nombre, no en el verbo, lo que provoca un aluvión de imágenes y metáforas. Tal vez sea esta una de las conquistas mayores de la poesía, al menos en comparación con otros géneros: la de mostrar en toda su plenitud las extrañas posibilidades que surgen a partir del nombre. De un sustantivo que contenga en sí mismo las mayores connotaciones posibles. Piel, por ejemplo.
En la nota que cierra Herido mármolFrattarola nos dice lo siguiente:
“Alguien me dijo una vez, hace muchos años, que cuando uno escribe, se escribe”.
Ignoro de quién se trata, pero es inevitable que me venga a la memoria aquella frase de Juan Ramón Jiménez: “escribirnos no es más que recrearnos”. Como bien dice, siguiendo esa nota final, Herido mármol es un ajuste de cuentas. Tengo la sensación de que este libro le ha servido para decir lo que no supo o no pudo o no quiso explicar en su momento, buscando un equilibrio entre el fondo de garganta y el fondo de la mente, por emplear palabras de Seamus Heaney. Por eso este es, me temo, un inicio, porque cuando uno decide romper la capa que le recubre es muy difícil volver a cerrarla. “Hoy debo contarlo todo”, escribe en el poema Poso. Para eso sirve, si es que sirve para algo, la literatura: para recomponer o para dar sentido a las piezas que previamente hemos roto.
(Reseña publicada en Revista de Letras, mayo de 2014)
Aquí, el enlace: http://revistadeletras.net/los-dias-de-la-piel/

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