miércoles, septiembre 21, 2011
Como una invitación o una súplica (José Ángel Valente)
Bajo la palabra insistente
como una invitación o una súplica
debíamos hallarnos, debíamos hallar
una brizna de mundo.
aaa
Pero las palabras se unían
formando frases
y las frases se unían a sus ritmos antiguos:
los ritmos componían
el son inútil de la letra muerta
y de la vieja moralidad.
aaa
Mas no era eso, en fin, lo que el progreso
insistente y tenaz, como recuerdo o lluvia,
de una casi palabra de nosotros pedía.
aaa
En la casa desierta o desertada,
en la casa nocturna o sola
en vano busco una respuesta.
aaa
Hay un hilo perdido,
una señal, la réplica que acaso
permitiría proseguir el diálogo roto
hasta después del alba.
aaa
En vano vuelven las palabras,
pues ellas mismas todavía esperan
la mano que las quiebre y las vacíe
hasta hacerlas ininteligibles y puras
para que de ellas nazca un sentido distinto,
incomprensible y claro
como el amanecer o el despertar.
aaa
Acuden insistentes como sordos martillos
nombrando lo nombrado,
lo que tal vez nosotros
estábamos llamados a hacer vivir.
aaa
Me alzo, pues, como sonámbulo,
entre las significaciones de la noche
y me siento ante el sillón vacío
de mi interlocutor de ayer.
aaa
Tengo ahora el silencio,
las ajenas palabras y las propias palabras,
las normas respetables a que ellas pertenecen
con solemnes sombreros enlutadas
y un gesto admonitorio y cruel.
aaa
No merece la pena repetir tan frígida salmodia
por impotencia o miedo,
envejecer por renombre o prudencia
de su misma vejez.
aaa
Bajo la imperiosa llamada
asociada a los sueños,
al fondo incomprensible de la noche,
a la urgente presencia
del que acude y me habla en busca de los hilos
de otro argumento y otra fe,
hay algo que esas mismas palabras
hastiadas de sí mismas, insistentes
como una invitación o una súplica,
nos obligan a hallar.
como una invitación o una súplica
debíamos hallarnos, debíamos hallar
una brizna de mundo.
aaa
Pero las palabras se unían
formando frases
y las frases se unían a sus ritmos antiguos:
los ritmos componían
el son inútil de la letra muerta
y de la vieja moralidad.
aaa
Mas no era eso, en fin, lo que el progreso
insistente y tenaz, como recuerdo o lluvia,
de una casi palabra de nosotros pedía.
aaa
En la casa desierta o desertada,
en la casa nocturna o sola
en vano busco una respuesta.
aaa
Hay un hilo perdido,
una señal, la réplica que acaso
permitiría proseguir el diálogo roto
hasta después del alba.
aaa
En vano vuelven las palabras,
pues ellas mismas todavía esperan
la mano que las quiebre y las vacíe
hasta hacerlas ininteligibles y puras
para que de ellas nazca un sentido distinto,
incomprensible y claro
como el amanecer o el despertar.
aaa
Acuden insistentes como sordos martillos
nombrando lo nombrado,
lo que tal vez nosotros
estábamos llamados a hacer vivir.
aaa
Me alzo, pues, como sonámbulo,
entre las significaciones de la noche
y me siento ante el sillón vacío
de mi interlocutor de ayer.
aaa
Tengo ahora el silencio,
las ajenas palabras y las propias palabras,
las normas respetables a que ellas pertenecen
con solemnes sombreros enlutadas
y un gesto admonitorio y cruel.
aaa
No merece la pena repetir tan frígida salmodia
por impotencia o miedo,
envejecer por renombre o prudencia
de su misma vejez.
aaa
Bajo la imperiosa llamada
asociada a los sueños,
al fondo incomprensible de la noche,
a la urgente presencia
del que acude y me habla en busca de los hilos
de otro argumento y otra fe,
hay algo que esas mismas palabras
hastiadas de sí mismas, insistentes
como una invitación o una súplica,
nos obligan a hallar.
Etiquetas: Mis poetas